Según The Wall Street Journal, Rusia ha desplegado un submarino y otras unidades navales en el Atlántico Norte con un objetivo claro: evitar la captura del petrolero Marinera por parte de Estados Unidos.
El buque, anteriormente conocido como Bella 1, ha sido seguido durante al menos 17 días por la Guardia Costera estadounidense desde que zarpó de la costa venezolana. Actualmente, ya navega en aguas cercanas a Islandia y el Reino Unido, lo que eleva el incidente a un nivel abiertamente estratégico.
El Marinera está vinculado al petróleo venezolano sancionado y fue reabanderado como buque ruso en medio del bloqueo marítimo impulsado por Washington. Para Moscú, cualquier intento de abordaje en aguas internacionales sería una violación directa de la libertad de navegación y un precedente peligroso.
El Atlántico Norte —zona OTAN por excelencia— se convierte ahora en un tablero de disuasión naval, donde un petrolero es escoltado como si fuera un activo militar.
Riesgos reales
• Escalada militar accidental
• Normalización de capturas extraterritoriales
• Militarización abierta del comercio energético
Cuando un barril de petróleo necesita un submarino para llegar a destino, el orden internacional ya colapsó.
La “libertad de navegación” ahora depende de quién tenga más misiles, no de tratados.
Y el mensaje es claro para el Sur Global: sin poder duro, no hay soberanía posible.
