Desde Greenpeace Argentina lanzaron una advertencia que debería sacudir conciencias: los glaciares y el agua están en peligro. Y el riesgo no viene de la naturaleza, sino de la política.

El senador riojano Juan Carlos Pagotto, alineado con el gobierno de Javier Milei, insiste en que la Ley de Glaciares “frena inversiones”. Traducción clara: estorba a los negocios mineros que sueñan con avanzar sobre zonas que hoy están protegidas por ley.
Desde Greenpeace fueron tajantes y sin eufemismos:
“La ley no frena el desarrollo. Protege el agua de millones de personas.”
El agua que toman pueblos enteros. El agua que sostiene la vida, la producción y el futuro.
Pagotto, que debería defender los intereses de La Rioja y su gente, empuja cambios que habilitarían el extractivismo en áreas donde nacen ríos, cuencas y reservas hídricas estratégicas. No es una discusión técnica: es una decisión política. Y también moral.
Porque sin glaciares no hay agua.
Y sin agua no hay futuro.
Mientras el discurso oficial habla de “inversiones”, lo que está en juego es entregar bienes comunes a cambio de ganancias para unos pocos, hipotecando a generaciones enteras.
La sociedad no puede mirar para otro lado. Defender la Ley de Glaciares es defender la vida. Y a quienes hoy intentan vaciarla de contenido, hay que señalarlos con nombre y apellido.
El agua no se negocia. Los glaciares no se tocan. Ahora es el momento de reaccionar.
