Mack Hollins acostumbra a disfrazarse en su llegada a la competición y esta vez su vestuario escondía una reivindicación

MadridTodo el mundo habla este lunes de la actuación de Bad Bunny en la Super Bowl. Tras los enfrentamientos que ha mantenido el artista puertorriqueño con Donald Trump a cuenta de sus políticas migratorias, era de esperar que su espectáculo fuera toda una reivindicación de orgullo latino, como así ha sido.
Música cantada en español, bailes latinos, folklore, moda española y un mensaje claro en defensa de una América unida, mucho más allá de Estados Unidos. Al final del show comenzó a enumerar todos los países que integran el continente. Un broche de oro a una actuación que, como también era de esperar, no ha gustado nada a Trump: «El espectáculo del descanso de la Super Bowl es absolutamente terrible, ¡uno de los peores de la historia! No tiene sentido, es una afrenta a la grandeza de Estados Unidos y no representa nuestros estándares de éxito, creatividad ni excelencia».
El de Bad Bunny no fue el único mensaje reivindicativo de la noche. El jugador de los Patriots Mack Hollins llegó al Levi’s Stadium de Santa Clara vestido como un presidiario, esposado, descalzo y una máscara como la de Hannibal Lecter. Un guiño a las detenciones de migrantes que está produciendo el ICE en Estados Unidos.
