El exmédico de la Policía Bonaerense falleció a los 83 años mientras cumplía condena a prisión perpetua. Fue una pieza fundamental en el Circuito Camps y el sistema de apropiación de bebés.
Jorge Antonio Bergés falleció a los 83 años, dejando tras de sí un historial de crímenes que lo posicionaron como uno de los rostros más oscuros del terrorismo de Estado en Argentina. El exmédico de la Policía Bonaerense, que operó bajo el mando de Ramón Camps, murió cumpliendo su última condena a prisión perpetua. Su rol fue determinante en la logística represiva, especialmente en los centros clandestinos de detención del sur del conurbano bonaerense.
El genocida fue un «eslabón clave en el sistema de apropiación de bebés», encargándose personalmente de atender los partos de las detenidas-desaparecidas en condiciones inhumanas. Su participación no se limitó a la asistencia médica, sino que facilitó el robo de identidad de los recién nacidos, muchos de los cuales recuperaron su historia décadas después gracias a la lucha de Abuelas de Plaza de Mayo.
Bergés se desempeñó en lo que se conoció como el Circuito Camps, donde los testimonios de los sobrevivientes lo ubicaron reiteradamente en las salas de maternidad clandestinas. A pesar de las numerosas causas en su contra y las sentencias recibidas, el médico mantuvo un pacto de silencio hasta sus últimos días. Según se desprende de su prontuario, el represor «se llevó muchos secretos a la tumba» respecto al destino de los nietos que aún faltan encontrar.
Su muerte cierra un capítulo judicial, pero deja abierta la herida de la información que nunca aportó a la justicia. Tras haber pasado gran parte de la democracia vinculado a las fuerzas de seguridad antes de ser juzgado, Bergés falleció con varias condenas en su haber, reafirmando su responsabilidad en los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar.
