Expertos del INTA y el CONICET implementan un plan de «restauración activa» en las zonas afectadas de la Patagonia para acelerar procesos que naturalmente demorarían un siglo.
Tras los devastadores focos ígneos registrados en Los Alerces y Epuyén, equipos científicos han decidido no dejar la recuperación solo en manos del tiempo. Según explican los especialistas, un bosque incendiado puede tardar hasta 100 años en regenerarse por su cuenta, un plazo que la crisis climática actual no permite esperar.La estrategia principal consiste en la restauración activa, una intervención directa que utiliza tecnología para asistir a la naturaleza. El proceso incluye la cosecha de semillas y la cría de plantines en viveros para su posterior traslado a las áreas más golpeadas. «No es solo dejar que la naturaleza actúe, sino intervenir con tecnología», destacan sobre este método de trabajo.
El objetivo central de estas tareas es el trasplante estratégico de ejemplares en zonas críticas del ecosistema. Con esta técnica, se busca brindar el «empujón» necesario para que la vegetación autóctona recupere terreno y evitar, fundamentalmente, que el avance de la estepa degrade definitivamente el suelo de los bosques.
Este esfuerzo conjunto entre el INTA y el CONICET representa una carrera contra el tiempo para preservar el patrimonio natural. La intervención humana en la plantación permite asegurar la supervivencia de las especies nativas en un entorno donde, sin ayuda científica, la recuperación total sería incierta o extremadamente lenta.
