La Justicia decretó el cierre de Alimentos Refrigerados S.A., la firma que producía yogures y postres de SanCor. El fracaso del concurso preventivo deja a cientos de familias en la calle en un escenario de crisis terminal.
La industria láctea nacional sufrió un revés histórico tras confirmarse la quiebra de Alimentos Refrigerados Sociedad Anónima (ARSA). La decisión judicial llega tras el fracaso del concurso preventivo, marcando el fin de la empresa que operaba bajo la licencia de SanCor y afectando directamente a las plantas de Buenos Aires y Córdoba.La situación es crítica para los 400 trabajadores que perdieron su fuente laboral en medio de un contexto de deudas acumuladas y sueldos atrasados. Desde la compañía atribuyeron el colapso a factores externos, señalando que el cierre se debe a la «caída del consumo, inflación y aumento de costos». Sin embargo, sectores de la industria contradicen esta versión y apuntan a graves problemas de gestión y desmanejos internos.
El impacto social se siente con fuerza en comunidades como Lincoln, Monte Cristo y Sunchales, donde la firma era un pilar económico. La incertidumbre es total para los operarios, muchos de los cuales cuentan con más de tres décadas de servicio. «Muchos empleados tenían más de 30 años de antigüedad», destacaron las fuentes vinculadas al sector, subrayando el drama humano detrás de las persianas bajas.
ARSA, que en su trayectoria estuvo vinculada al Grupo Vicentin antes de pasar a manos de capitales extranjeros, no logró concretar las promesas de recuperación. Con este cierre, se cierra un capítulo oscuro para la producción láctea regional, dejando un tendal de familias damnificadas y una crisis financiera que parece no encontrar piso.
