El entrenador anunció que dirigirá ante Banfield su último partido en esta segunda etapa, marcada por resultados irregulares pero con una estructura que sigue su sello.
La salida de Marcelo Gallardo del banco de River Plate vuelve a marcar el final de un ciclo en la historia reciente del club de Núñez. A través de un video difundido en las redes sociales oficiales, el Muñeco anunció que este domingo, frente a Banfield, dirigirá su último partido en esta segunda etapa como director técnico.
La decisión se conoció después de la derrota ante Vélez Sarsfield, en el marco de una campaña que no alcanzó las expectativas deportivas ni logró la obtención de títulos. De esta manera, el entrenador precipitó su salida y puso punto final a una gestión que estuvo lejos de igualar los éxitos de su primera experiencia al frente del equipo.
“Solamente palabras de agradecimiento, principalmente a este enorme club, a su gente, por su amor incondicional durante todos estos años, incluso en los momentos más delicados como este. Claramente las cosas no salieron como teníamos proyectadas que salgan”, manifestó en su despedida.
El primer ciclo de Gallardo comenzó en junio de 2014 y transformó a River en uno de los grandes protagonistas del fútbol sudamericano. Bajo su conducción, el club consiguió 14 títulos, entre ellos dos Copas Libertadores —una de ellas ganada nada menos que ante Boca Juniors—, una Copa Sudamericana, tres Copas Argentina y la Liga Profesional.
Ese período quedó asociado a una identidad ganadora y a una profunda reestructuración interna que abarcó desde el plantel profesional hasta las divisiones inferiores. La figura de Gallardo trascendió el rol tradicional de entrenador y adquirió una influencia decisiva en la cultura de trabajo y en la toma de decisiones institucionales.
Apodado “Napoleón” por su capacidad estratégica, impulsó cambios estructurales que marcaron el rumbo del equipo desde su desembarco en Núñez.
El regreso en 2024 y los números del segundo ciclo
Tras la salida de Martín Demichelis, el regreso de Gallardo en 2024 despertó expectativas por la posibilidad de revivir una etapa dorada. Sin embargo, el equipo no logró repetir los resultados de la etapa anterior.
En este segundo ciclo dirigió 85 partidos, con un saldo de 35 victorias, 32 empates y 18 derrotas. Pese a una fuerte inversión en refuerzos, la falta de títulos y el rendimiento irregular terminaron desgastando el proceso.
Aun así, su legado estructural y cultural dentro del club permanece como uno de los más significativos en la historia reciente de River.
Los mandamientos de las divisiones inferiores
Uno de los ejes centrales del proyecto Gallardo estuvo en la formación de futbolistas. Gabriel Rodríguez, referente en el desarrollo de talentos en la institución, destacó que el objetivo era que la mitad del plantel profesional estuviera conformado por jugadores surgidos de las inferiores.
“La clave es la bajada de línea de Marcelo en cuanto al estilo futbolístico, sistema táctico y a la forma de entrenamiento. Se realizan charlas sobre todos estos ítems en las que Marcelo pone las directivas para que exista una línea uniforme desde el fútbol profesional a Infantiles”, afirmó Rodríguez.
Gallardo estableció reglas claras para todas las categorías, entre ellas una máxima innegociable: “el que no corre, no juega”. La filosofía combinó el ADN tradicional de buen juego con mayor intensidad y exigencia física.
“El fútbol actual es muy dinámico, tiene mucho vértigo. Hay muy poco tiempo para resolver determinadas jugadas, décimas de segundo. Además de apostar por jugadores técnicos, hábiles y creativos, debemos exigirles una mayor contracción en lo físico, exigencia máxima en el entrenamiento. Si equiparamos al rival en ese aspecto, después el jugador de River hace la diferencia con su juego”, detalló.
La implementación de la videoteca, incluso durante la pandemia, fue otra de las herramientas aplicadas para formar a los juveniles. Nueve referentes del plantel principal analizaron jugadas con futbolistas de su misma posición para mostrarles qué pretendía el entrenador.
El trabajo en inferiores se reflejó en transferencias como las de Julián Álvarez (Manchester City), Enzo Fernández (Benfica), Claudio Echeverri (Manchester City) y Franco Mastantuono (Real Madrid).
Un modelo de conducción vertical
Con la asunción de Stefano Di Carlo como presidente, se formalizó una nueva estructura en el área de fútbol y Gallardo fue designado como CEO y máxima autoridad del fútbol profesional.
El proyecto le otorgó injerencia total en todas las decisiones relacionadas al área, con el objetivo de delimitar funciones y evitar superposiciones. Esta redefinición del organigrama incluyó la posibilidad de elegir responsables de cada subárea y consolidó un modelo de liderazgo vertical, alineado con estándares europeos.
Cambio de mentalidad y hegemonía ante Boca
Más allá de los títulos, uno de los aportes centrales de Gallardo fue el cambio de mentalidad. Impuso una cultura en la que relajarse era casi una palabra prohibida y donde revalidar lo hecho y redoblar la apuesta se transformaron en premisas permanentes.
El entrenador se convirtió en una especie de “bestia negra” para Boca Juniors. Además de la recordada final de 2018 en Madrid, también eliminó al clásico rival en la obtención de la Copa Sudamericana y en las Libertadores de 2015 y 2019.
En su segundo ciclo mantuvo esa supremacía al imponerse en dos de los tres superclásicos disputados.
De los 14 títulos obtenidos en su primera etapa, siete fueron internacionales, lo que posicionó a River entre los mejores equipos del mundo. En ese período ganó dos Libertadores —la misma cantidad que ya poseía el club—, sus primeras tres Recopas Sudamericanas y su única Copa Sudamericana.
La creación del River Camp
La modernización de la infraestructura fue otro de los ejes del proyecto. El 20 de septiembre de 2016 se inauguró el River Camp en Ezeiza, tras un plan presentado por Gallardo al entonces secretario del club, Guillermo Cascio.
“Es una emoción enorme. Esto se fue construyendo desde aquella reunión en la que Gallardo le llevó un planito al secretario. Ahora, River tiene este predio que es de nivel mundial y es un gran orgullo”, expresó en ese momento el presidente Rodolfo D’Onofrio.
El predio incorporó siete hectáreas, alcanzando un total de 14 con wifi en su totalidad. Cuenta con más de 1.100 metros cuadrados de obra civil, siete canchas —tres con las dimensiones del Monumental—, riego automático, vestuarios, área de masajes, jacuzzi y nuevos departamentos de kinesiología, neurociencia, psicología y nutrición.
La renovación del Monumental
Durante la pandemia, la dirigencia avanzó con la renovación total del campo de juego del estadio Monumental, uno de los pedidos centrales del entrenador. Se contrató a la empresa SIS Grass para optimizar el drenaje e implementar césped híbrido, con un 5% artificial y 95% natural.
La intervención incluyó la reducción del nivel del suelo, reemplazo de caños por PVC, instalación de canaletas, geotextiles, capa impermeable, grava para mejorar el escurrimiento, capa de arena y sistema de climatización para calefacción y refrigeración.
Además, se concretó la ampliación del estadio, que lo posicionó como el de mayor capacidad en Sudamérica a nivel clubes. Con la actual dirigencia, el objetivo es ampliar el aforo hasta 101 mil espectadores.
Así, aunque su segundo ciclo no tuvo títulos, el legado de Marcelo Gallardo en River Plate excede los resultados deportivos: transformó la mentalidad, redefinió la estructura institucional y dejó una marca profunda en el club de Núñez.
