Acompañada por su pareja y su abogado, la madre del bebé denunció maltratos y negligencia durante el trabajo de parto. «Ellos nunca se pusieron en mi lugar, me gritaban y no actuaban», expresó.

La comunidad de La Rioja se encuentra conmocionada tras conocerse el testimonio de la madre de Simón, el bebé que falleció en el Hospital de la Madre y el Niño. En una declaración cargada de dolor, la mujer detalló las irregularidades y la violencia obstétrica que asegura haber sufrido durante las cuatro horas que duró su trabajo de parto, desde las 6 hasta las 10 de la mañana.Según el relato, la negativa a realizar una cirugía a tiempo fue el primer obstáculo.
«Yo les decía que no podía, y ella me decía ‘no tengo autorización de nadie de arriba para una cesárea'», explicó la mujer, mencionando a la profesional Vanina Gómez y la presencia de numerosos enfermeros en la sala.
La situación se agravó cuando intervino el doctor Héctor Díaz Paz. La madre denunció maniobras físicas violentas y falta de empatía por parte del personal médico: «El doctor se puso el traje, metió la mano y yo sentía cómo se abrían mis partes. Me decía que no sabía pujar, que los codos, que así no; era todo lo que yo podía», recordó con angustia.
Además, describió prácticas traumáticas para intentar forzar el nacimiento. «Se subió arriba mío, con la mano de un hombre alto, grandote, me apretaba la panza y empujaba al bebé», relató, sumado a que utilizaron una sábana para realizar un «torniquete» en su abdomen mientras intentaban canalizarla nuevamente.
La denunciante hizo hincapié en que su embarazo era sano y que el bebé ya presentaba signos de haber pasado el tiempo de gestación. «El bebé era grande y tenía la piel arrugada, tenía más de 41 semanas. Tenía la cabeza hinchada porque se quedó trabado», detalló sobre el estado de Simón al momento del nacimiento.
En medio del agotamiento físico y el dolor, la madre llegó a pedir disculpas a su pareja ante la sensación de muerte inminente. «Le pedí perdón a él por no poder seguir, por no poder aguantar. Me desvanecí y sentía que mi cuerpo ya no estaba», confesó sobre los momentos previos a que finalmente le realizaran la cesárea de urgencia.
Tras la intervención, que según sus palabras fue tardía debido a que el niño ya estaba encajado, el desenlace fue el peor. «El bebé nació sin vida, solo atiné a cantar alabanzas para que no me lo quite. Fue un bebé muy soñado», expresó la mujer, quien se mantuvo consciente durante las maniobras de reanimación que resultaron fallidas.
Finalmente, la madre cuestionó la humanidad de los profesionales intervinientes: «Yo decía ‘no puedo’ y él dijo ‘toda mujer puede’. Teniendo una hija no se puso en el lugar de padre». Ahora, junto a su abogado Sergio Gómez, buscan respuestas ante una pérdida que, aseguran, pudo haberse evitado.
