En el inicio del año legislativo, el gobernador riojano respondió a las acusaciones de la gestión central, reivindicó su postura en defensa de los recursos provinciales y recordó la crisis del 2001 como una advertencia ante las políticas actuales.
El gobernador Ricardo Quintela encabezó este lunes la apertura de un nuevo período de sesiones ordinarias en la Legislatura provincial. Con un discurso marcado por la tensión política con el Gobierno Nacional, el mandatario hizo hincapié en la necesidad de proteger los intereses locales frente a los ajustes y las descalificaciones que recibió en los últimos meses.
Durante su alocución, Quintela se refirió directamente a los señalamientos que lo tildaron de desestabilizador por sus reclamos judiciales y políticos. «Se me acusó de golpista por defender el federalismo y al sistema democrático, por ponerme del lado de nuestra gente», afirmó ante los legisladores y autoridades presentes.
El mandatario provincial buscó desmarcarse de la confrontación personal, pero ratificó su rumbo institucional. En ese sentido, subrayó: «Quiero decirlo con claridad: defender el federalismo no es golpismo; defender el trabajo y la producción no es golpismo, es cumplir con el mandato de nuestra gente».
Asimismo, el Gobernador expresó su firme rechazo a los agravios recibidos por parte de funcionarios nacionales. Aseguró que no optará por la vía de la agresión verbal, aunque marcó un límite ético en la relación con el Ejecutivo central: «No voy a responder ni con insultos ni con descalificaciones, pero voy a defender con claridad la dignidad de esta provincia».
Uno de los momentos más tensos de su discurso fue cuando apeló a su memoria política para contextualizar la situación económica y social del país. Quintela vinculó la falta de diálogo actual con escenarios críticos de la historia argentina reciente, buscando alertar sobre las consecuencias de la intransigencia.
«Lo que yo dije fue advertir porque lo viví en carne propia; fui un integrante amargo del proceso del 2001, cuando estuvimos a un ápice de una lucha fraterna, de una guerra civil, por no modificar las políticas, por no dejarse ayudar», recordó con dureza el mandatario riojano.
Finalmente, el Gobernador cerró ese tramo de su mensaje reafirmando que no claudicará en su postura defensiva de los fondos coparticipables y los derechos de los riojanos. «No puedo arrastrarme ante alguien que descalifica e insulta», sentenció, dejando clara la distancia que hoy separa a La Rioja de las políticas de la Casa Rosada.
