El avance de Axel Kicillof en Córdoba empezó casi en silencio, pero en pocas semanas mostró una dinámica inesperada: el crecimiento de expresiones propias sin conducción formal. Lo que en marzo fue un primer gesto político en Villa Carlos Paz —con intendentes, sindicalistas y dirigentes convocados por Carlos Caserio— hoy muta en una proliferación de iniciativas que intentan subirse a un proyecto todavía en estado embrionario.Política
La postal actual expone una paradoja. Mientras el gobernador bonaerense busca construir volumen nacional con cautela, en territorio cordobés empiezan a multiplicarse convocatorias sin coordinación central. El caso más reciente es el anuncio, difundido por WhatsApp, del lanzamiento de una “Mesa Promotora del Movimiento Derecho al Futuro”, con una choripaneada prevista para el viernes 10 en Alta Córdoba.
El mensaje plantea la construcción de “un espacio amplio, plural y territorial” que acompañe a Kicillof hacia 2027. Sin embargo, puertas adentro del armado real, la reacción fue de sorpresa: ninguno de los referentes reconocidos del espacio admite haber participado en la organización. La escena grafica el momento político: adhesión creciente, pero sin filtros ni conducción clara.
Desde el entorno de Caserio lo leen como una señal ambivalente. Por un lado, destacan el “entusiasmo” de personas —muchas sin trayectoria política— que se acercan al proyecto. Por otro, advierten sobre los riesgos de una expansión desordenada. “No podés comenzar el armado con personas que ni sabés quiénes son o qué piensan”, deslizan, marcando un límite a la espontaneidad.Política
En ese contexto, el exsenador decidió moverse con lógica propia. Instalado en la capital cordobesa, prepara una convocatoria con dirigentes de confianza, cuyos nombres aún se mantienen bajo reserva. La estrategia apunta a consolidar una base más sólida antes de ampliar el espectro.
El diseño no es improvisado. Ya desde 2024 existen contactos con actores gremiales, científicos y universitarios, aunque siempre bajo un acuerdo de discreción.
Esa construcción subterránea contrasta con la visibilidad de los actos que emergen por fuera del esquema formal.
Caserio insiste en una idea que atraviesa todo el armado: crecer sin repetir errores del pasado. “Este es el año de la organización. Convocamos a todos los que tienen ganas de laburar, pero ordenadamente. Si no, terminamos en la historia de tribus kirchneristas separadas en mil pedazos. Tiene que haber conducción para que haya responsabilidad política”, sintetizan en su entorno.
El desafío es mayor en la capital provincial, donde reconocen un clima adverso. “Córdoba capital es muy hostil. Tenemos que defender lo que pensamos sin que nos pongan motes. El Movimiento Derecho al Futuro debe contemplar una base sólida, con dirigentes sanos y leales”, remarcan.
A diferencia de la ciudad, el interior aparece como terreno más fértil. Punilla, con Villa Carlos Paz como epicentro, sigue siendo el punto de apoyo inicial. Allí ya se realizaron encuentros como el denominado “Es por Ak”, impulsado por el ex legislador provincial Omar Ruiz con participación de organizaciones políticas y dirigentes como el ex diputado nacional Horacio Viqueira, del Frente Grande.Política
El armado cordobés de Kicillof no se limita a la construcción territorial. También se juega en un delicado equilibrio político. Por un lado, aparecen vasos comunicantes con sectores vinculados a Natalia de la Sota, donde ven una “confluencia natural” basada en coincidencias programáticas y generacionales, además de una postura crítica común frente al gobierno de Javier Milei.Política
Pero ese acercamiento abre tensiones. Mientras algunos sectores plantean la necesidad de diferenciarse del cordobesismo, otros evalúan una convivencia con el esquema que lidera Martín Llaryora.
Desde el kicillofismo buscan evitar definiciones tajantes. Reconocen diálogo entre ambos gobernadores y descartan, al menos por ahora, una ruptura. El objetivo inmediato es otro: consolidar una alternativa nacional sin dinamitar equilibrios provinciales.
“Ambos entienden que lo mejor es ayudarse. Nuestro enemigo es Milei. Lo peor que puede pasar es que pierda Llaryora”, analizan cerca del armado. Esa lectura explica por qué Kicillof evita involucrarse en la interna local o impulsar candidatos propios que fragmenten al peronismo.
La estrategia también se apoya en un cambio de contexto: el repliegue de Juan Schiaretti. En el entorno del gobernador bonaerense creen que su salida del centro de la escena facilita el diálogo político en Córdoba, históricamente condicionado por esa figura.
En esa línea, la construcción apunta a largo plazo. Sin estructuras formales aún, sin liderazgo definido en la provincia y con múltiples actores moviéndose en paralelo, el axelismo ensaya un crecimiento que combina entusiasmo militante, prudencia dirigencial y un objetivo común: disputar el escenario nacional sin regalarle ventaja al mileísmo.
