Se trata de un hábito que sienta las bases para que les resulte natural enfrentarse con los distintos textos que tendrán durante los años de estudio en la escuela y la Facultad.
Leer es una de las actividades recomendadas desde la infancia debido a que nos ayuda a combatir el aburrimiento, fomenta el desarrollo personal y profesional, favorece la conversación y las relaciones, libera emociones, a la vez que es un ejercicio para mantener un cerebro sano y animado y un buen antídoto contra la soledad.
La lectura compartida desde los primeros años de vida es clave para toda la vida. “En las consultas observamos en los más chicos una intención comunicativa pobre al momento de mirar, señalar, pedir”, señaló la licenciada en Fonoaudiología Patricia Villalba (M.N. 9.319).
Villalba, quien es coordinadora del sector Lenguaje y Comunicación del Hospital de Clínicas de la UBA, añadió: “En algunos casos, esto puede deberse a la exposición temprana y prolongada a las pantallas, tiempo que no invierten en jugar o en interactuar en familia. También vemos que los padres tienen intención de hacerlo, pero no saben cómo”.
La fonoaudióloga viene de dar un taller para brindar pautas prácticas e incorporar la lectura a la rutina cotidiana en una actividad para darle a las familias herramientas para estimular la comunicación, el vocabulario, la memoria y la imaginación, a través de la lectura compartida con el niño.
“Este hábito va a sentar las bases para que en un futuro les resulte natural enfrentarse con distintos textos en la escuela, teniendo mayores oportunidades de lograr retener esta información y aprenderla, por haber desarrollado tempranamente mayor capacidad de memoria, atención, comprensión y vocabulario. De esta manera, pueden aumentar su autoestima y seguridad, posicionándose con las mismas oportunidades que los otros chicos de su edad”, contó.
Además, dijo: “En niños que están en grados superiores (desde los 8 hasta los 13 años, aproximadamente), en donde tienen que enfrentarse a textos de mayor longitud y complejidad, muchas veces no llegan a retener y comprender la información. Así se generan retrasos, debido a que no desarrollaron la capacidad cognitiva necesaria. De esta manera, muchos chicos se sienten frustrados y con baja autoestima, repitiendo o abandonando la escuela”.
Para generar espacios de lectura, Villalba recomienda elegir momentos en los que los niños no tengan hambre ni sueño, de modo que puedan disfrutar de la actividad y participar de ella. Compartir un libro, mirar sus ilustraciones, nombrar objetos y conversar sobre lo que aparece en sus páginas son formas de estimular la comunicación.
¿Cuándo se requiere una consulta?
Además de estimular el lenguaje a través de la lectura y el juego, es importante reconocer aquellas señales que pueden indicar dificultades en el desarrollo de la comunicación. Identificarlas a tiempo permite consultar con un profesional y evaluar si el pequeño necesita acompañamiento.
A partir de los 18 meses, hay que estar atentos si se presenta:
- Falta de contacto visual, es decir no mira a la cara cuando le hablan.
- Escaso interés de interactuar con otros niños y adultos.
- Dificultad para compartir la atención con otras personas. No mirar lo que le muestran, ni interesarse por los juegos típicos de su edad.
- Escaso interés por juguetes, aunque estos sean atractivos para la edad.
- Escasa habilidad de imitación de los adultos, tanto de acciones como de palabras.
- Ausencia de iniciativa para comunicarse, es decir no tener intención de querer comunicar algo.
- Ausencia del gesto de señalar para pedir.
- Falta de comprensión de órdenes simples, como «dame» y «toma», u órdenes en contexto.
- Falta de respuesta al nombre.
- Escaso uso de palabras frecuentes como «mamá», «papá», «agua», «papa» o «pan».
A partir de los 30 meses, si:
- Hay escasa o nula comprensión de órdenes verbales simples como «Traé la pelota». En estos casos, es importante saber si es capaz de identificar la orden con la ayuda de un señalamiento.
- Si no combina palabras para armar una frase, persiste en el uso de la palabra aislada o no usa conectores o preposiciones.
- Si la mayoría de los adultos no le entiende cuando habla (falta de inteligibilidad).
- Uso de ecolalias (repite todo lo que escucha) sin fines comunicativos.
A partir de los 4 años, si:
- Necesita que le repitan varias veces las consignas ya que no comprende lo que le dicen.
- En el jardín de infantes o en casa realiza las actividades o consignas por imitación y no porque haya comprendido la consigna.
- Tiene dificultad para responder preguntas con distintos encabezados. Confunde «qué», «quién», «dónde», «cuándo“, «por qué“.
- Tiene dificultad para recordar o evocar palabras. Tarda en definir lo que quiere decir. Puede utilizar ciertas muletillas como “ehhh“, “mmm“, o define la palabra en lugar de decir la palabra (por ejemplo para decir «tenedor» dice «eso para pinchar la comida).
- Le resulta difícil armar frases complejas.
- Tiene dificultad en la pronunciación y/o en el uso de los sonidos del habla, produciendo sustitución de los sonidos (“sapo” por “tapo”), y/o reducción de sílabas en palabras largas como ser “pato“ por ”zapato”.
- Tiene dificultad en el relato, como por ejemplo no puede contar de manera organizada algo relacionado con su propia vida, como ser que hizo en el jardín.
- Le cuesta cambiar el tema de conversación; persiste solo en sus temas de interés.
- Tiene escasa o nula participación en las conversaciones, dificultad para iniciar o mantener una conversación.
