En diálogo con MEDIOS RIOJA, Vicente Lourenzo, vocero de la entidad, trazó un panorama sombrío para el segundo semestre. El uso de tarjetas para comprar comida, el auge de las segundas marcas y el cierre de locales como última y costosa opción, los ejes del conflicto.
La economía doméstica argentina atraviesa uno de sus momentos más críticos. Según Vicente Lourenzo, vocero de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), la cadena de consumo se ha roto. El diagnóstico es claro: las familias argentinas ya no llegan cómodas a fin de mes y han comenzado a financiar gastos básicos con métodos «usurarios».
«El bache hasta fin de mes se estuvo cubriendo con tarjeta de crédito, que es una de las financiaciones más caras por sus tasas desorbitantes», señaló Lourenzo. Esta situación ha generado un efecto dominó que impacta directamente en el mostrador de la pequeña y mediana empresa.
El vocero de CAME ilustró la crisis con un cambio de comportamiento en fechas festivas como el Día de la Madre o del Padre. Mientras que antes cada hijo compraba un presente, hoy la tendencia es la compra colectiva.
La odisea de cerrar las puertas
Uno de los puntos más alarmantes del informe es la dificultad para dar de baja un negocio. Lourenzo advirtió que «hasta cerrar no es fácil en Argentina», refiriéndose a los costos indemnizatorios y burocráticos que implica el cese de actividades.
La rentabilidad de las PYMES se encuentra en mínimos históricos. Según el directivo, incluso aquellos comercios que logran mantener un volumen de ventas aceptable ven sus márgenes devorados por los costos operativos y financieros.
Un segundo semestre sin señales de alivio
Para CAME, no existen actualmente variables macroeconómicas que permitan proyectar un cambio de tendencia en el corto plazo. Con una demanda interna deprimida y costos al alza, el panorama para la segunda mitad del año sigue siendo de contracción.
«Si todo sigue igual, el segundo semestre será en baja. No vemos variables que modifiquen esta tendencia», concluyó Lourenzo, subrayando que detrás de cada persiana que baja, hay familias que quedan en la calle.
