Una época del año favorece la curación de los diseños en la piel y reduce riesgos de infección. Otra, exige protección extra para mantener su forma y color.
Antes de realizarse un tatuaje no solo hay que tomar decisiones estéticas o simbólicas, sino también implica conocer el momento ideal para hacerlo. Aunque cualquier época del año es técnicamente viable, los meses de otoño e invierno presentan condiciones mucho más favorables para el cuidado y la cicatrización de un diseño en el cuerpo. Las bajas temperaturas, la menor exposición al sol y la posibilidad de mantener la piel más cubierta favorecen el proceso de curación y reducen los riesgos de complicaciones.
La elección del momento en que se realiza un tatuaje tiene su impacto directo en su resultado final. Además de lucirlo, hay que permitir que la piel lo incorpore correctamente, evitando infecciones, alteraciones del color o reacciones inflamatorias a largo plazo. La tinta inyectada necesita condiciones óptimas para fijarse de manera segura, y esas condiciones dependen en buena parte del entorno y los cuidados que se puedan garantizar.
Los expertos coinciden en que, más allá del entusiasmo o la disponibilidad de tiempo, es preferible postergar una sesión de tatuaje si las circunstancias ambientales no son las adecuadas. Planificarlo en los meses fríos permite que mejore cicatrización, como así también enfocarse en los cuidados sin la presión del calor, la playa o el sol intenso.
Cómo proteger los tatuajes en verano
Si bien muchas personas asocian el verano con la mejor oportunidad para mostrar sus tatuajes, esta temporada suele ser la menos indicada para realizarlos. Durante los meses cálidos, la exposición al sol, el sudor constante, el uso de ropa ligera y el contacto con el agua aumentan los riesgos de infecciones y dificultan el proceso de curación.
Por eso, el otoño y el invierno suelen ser las estaciones más recomendables para tatuarse. Las temperaturas más bajas permiten llevar prendas que protegen el área tatuada del roce y la luz solar, evitando que los pigmentos se degraden o que la piel reaccione con irritaciones. Además, como se reducen las actividades al aire libre, es más fácil mantener el tatuaje alejado de factores como el cloro, la sal o la arena, todos agentes que afectan directamente la cicatrización.
El tiempo fresco también favorece la hidratación de la piel y disminuye la sudoración, lo que genera un entorno más controlado y seguro para que el dibujo cicatrice en mejores condiciones. Esta etapa es muy importante, ya que solo una buena recuperación garantizará que el diseño mantenga sus líneas definidas, sus colores intensos y su forma original con el paso de los años.
