Ante la caída de los ingresos y la falta de tiempo, el clásico combo de alfajor y gaseosa le gana terreno al menú tradicional al mediodía. «No es una golosina, es un alimento», aseguran desde la industria.
La crisis económica y la pérdida del poder adquisitivo están transformando de manera drástica los hábitos alimenticios de los argentinos. En un contexto donde los bolsillos crujen, cada vez más trabajadores —especialmente aquellos que realizan sus tareas en la vía pública— optan por reemplazar el almuerzo por un alfajor y una bebida, una alternativa mucho más económica que sentarse a comer un menú tradicional.
Así lo describió a MEDIOS RIOJA, Claudio Messina, director de la empresa Fantoche, quien analizó el fenómeno que atraviesa el sector. «La realidad es que no hay una cena con alfajor, sino que se reemplaza el almuerzo. No se para a comer. Es más económico un alfajor y una bebida que sentarte a comer», explicó el ejecutivo en declaraciones radiales, marcando una radiografía de la supervivencia diaria en la calle.
Almuerzo por necesidad, cena por placer
El crecimiento en el consumo de este producto no se explica únicamente por la urgencia del bolsillo, sino también por un cambio estructural en las jornadas laborales de quienes trabajan en el sector informal o de servicios en la calle. Para muchos, el mediodía ya no implica una pausa, sino una recarga rápida de energía.
De acuerdo con el directivo, el comportamiento del consumidor cambia drásticamente según la hora del día:
- Al mediodía: El alfajor funciona como el reemplazo definitivo del plato de comida. Ya sea un formato simple o triple, aporta la «medida justa» para mitigar el hambre y continuar la jornada sin perder tiempo.
- A la noche: El panorama cambia. La cena se mantiene como la comida principal y nutritiva del hogar, dejando al alfajor relegado a un rol secundario: el de un «permitido» o postre tras la jornada laboral.
¿Golosina o alimento? La polémica de la nutrición
Uno de los puntos más llamativos de las declaraciones de Messina fue la defensa del producto más allá del mercado del dulce. «El alfajor no es una golosina, es un alimento», sentenció, argumentando que la industria ha trabajado firmemente para ofrecer un producto con la contextura y el aporte necesario para sostener el ritmo de los trabajadores en los momentos más críticos del país.
Más allá del debate sobre su valor nutricional frente a una comida equilibrada, la realidad del mercado es innegable: cada vez que la economía se aprieta, las promociones de quiosco se disparan y el alfajor se convierte, para miles de argentinos, en el almuerzo del día a día.
