El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) revelará este martes a las 16.00 el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de diciembre, cerrando un 2025 que, si bien muestra los números más bajos en ocho años, también evidencia un preocupante agotamiento en la dinámica de desinflación. Según el consenso de analistas y consultoras privadas, el dato rondará el 2,5%, repitiendo la marca de noviembre y confirmando que la gestión económica ha chocado contra un techo difícil de perforar.
A pesar de que el acumulado anual cerraría apenas por encima del 30% —una cifra celebrada por el oficialismo tras el 117,8% heredado de 2024—, la mirada crítica se posa sobre la composición de este último tramo. La desaceleración no es lineal y, lo que es más grave, se apoya en una estabilidad que todavía depende de factores volátiles y ajustes pendientes.
Los regulados: el motor que no se detiene
El optimismo oficial se topa con la realidad de los «precios regulados». Según la consultora LCG y Equilibra, diciembre estuvo marcado por subas en tarifas de luz, gas, transporte, combustibles y medicina prepaga. Estos ítems aportaron al menos 0,6 puntos porcentuales al índice general, demostrando que el costo de vida sigue presionado por el reordenamiento de precios relativos que aún no encuentra su punto de equilibrio.
La carne y la canasta básica: el golpe al bolsillo
Un dato que no pasa desapercibido para los analistas es la aceleración en rubros sensibles. Mientras el Gobierno destaca la «nominalidad baja», el sector de Alimentos y Bebidas mostró comportamientos mixtos, con aumentos en las carnes (5,9% según Equilibra) que impulsaron el componente no estacional.
En la Ciudad de Buenos Aires, el IPC porteño ya marcó un 2,7% en diciembre, superando la media nacional proyectada y encendiendo alarmas sobre el costo de vida en los grandes centros urbanos, donde el transporte y la vivienda se han vuelto una carga pesada para la clase media.
Desafíos para 2026: ¿Inercia o consolidación?
La Fundación Mediterránea advirtió que el guarismo de diciembre marca una «pausa» en la tendencia descendente que se esperaba tras la salida del cepo. La incertidumbre política de los meses previos (septiembre y octubre) dejó una inercia que el Banco Central no ha logrado quebrar del todo.
Si bien el cierre anual de 31% es un alivio estadístico, el desafío para el 2026 no es solo mantener estos niveles, sino evitar que el «piso» del 2% mensual se convierta en una constante estructural. Sin una recuperación real del poder adquisitivo que acompañe esta estabilidad de precios, el riesgo de un estancamiento con consumo deprimido sigue siendo la principal amenaza en el horizonte económico del país.
