Tras la caótica sesión por los pliegos judiciales, la jefa libertaria en la Cámara alta quedó en el centro de una nueva tensión con la Casa Rosada, ahora por la falta de fecha para el informe de gestión del jefe de Gabinete.
Patricia Bullrich volvió a quedar en el centro de la escena política del Senado. Después de una sesión caótica por el tratamiento de los pliegos judiciales, la jefa del bloque libertario en la Cámara alta aparece ahora frente a otro foco de tensión para el Gobierno: la demora del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, para concurrir al recinto y presentar su informe de gestión.
El episodio llega en un momento delicado para la relación entre Bullrich, Javier Milei y Karina Milei. La aprobación de 74 pliegos judiciales, luego de una extensa sequía de nombramientos y con vacantes que superaban un tercio de los cargos de la Justicia Federal, podía ser presentada como un logro político para el oficialismo. Sin embargo, la sesión terminó dejando un saldo más complejo para la Casa Rosada.Política
El punto más sensible fue el pliego de María Verónica Michelli. La postulación había sido impulsada por el propio Poder Ejecutivo y atravesó las instancias de evaluación en el Senado, pero Milei intentó retirarla. La decisión fue leída como un gesto político ligado al vínculo familiar de Michelli con el periodista Hugo Alconada Mon.
El intento presidencial terminó en una derrota legislativa. El Senado avaló el pliego de Michelli por amplia mayoría y Bullrich tuvo un papel central en la discusión. Aunque finalmente se abstuvo de votar, la senadora marcó públicamente su diferencia con la postura de Milei y dejó expuesta una señal de autonomía dentro del oficialismo.
Ese gesto profundizó la imagen de Bullrich como una aliada necesaria, pero cada vez más incómoda para el Presidente. Su peso político propio, su caudal electoral y sus niveles de imagen pública la ubican en una posición distinta a la de otros dirigentes que fueron desplazados o marginados tras chocar con el núcleo duro del poder libertario.
Una interna que ahora suma el caso Adorni
En ese marco, la demora de Manuel Adorni para asistir al Senado suma un nuevo capítulo. La Constitución Nacional establece, en su artículo 101, que el jefe de Gabinete debe concurrir al Congreso al menos una vez por mes, de forma alternada entre ambas Cámaras, para informar sobre la marcha del Gobierno. Adorni ya expuso en Diputados en abril, pero todavía no lo hizo en la Cámara alta.
El reclamo formal fue presentado el 8 de mayo por el jefe del interbloque peronista, José Mayans. En una nota enviada a la vicepresidenta Victoria Villarruel, el senador pidió que se fijara una fecha para que el funcionario concurra al recinto y cumpla con la obligación constitucional.
Mayans también solicitó que se informe el plazo para que los senadores puedan elevar sus preguntas al jefe de Gabinete. Ese procedimiento es parte del informe escrito que luego reciben los legisladores antes de la exposición oral. Hasta ahora, ese paso no se concretó.
Durante la sesión del jueves pasado, el formoseño volvió a insistir con el tema y reclamó que Adorni se presente en la próxima convocatoria. El planteo se produjo frente a Bullrich y en medio de un recinto atravesado por la discusión judicial, las diferencias entre el oficialismo y sus aliados, y las dificultades para sostener una conducción ordenada.
También hubo cuestionamientos vinculados a la declaración jurada del jefe de Gabinete. El senador Carlos Linares, de Chubut, reclamó que Adorni presente esa documentación y pidió que sea pública. El planteo retomó una discusión que ya había sido impulsada tiempo atrás por la propia Bullrich.
Bullrich, entre el respaldo y la diferenciación
La posición de Bullrich abre un dilema para el Gobierno. Por un lado, la senadora es una figura de peso para La Libertad Avanza y conserva llegada a un sector del electorado que fue clave para el triunfo libertario en el balotaje de 2023 y en las elecciones parlamentarias de 2025. Por otro, su capacidad para diferenciarse de Milei en temas sensibles genera ruido en el entorno presidencial.
Esa tensión ya se había manifestado en los cortocircuitos con Karina Milei. Uno de los episodios mencionados fue el intento de relegar a Bullrich en los actos por el aniversario de la Revolución de Mayo. Ahora, la discusión por los pliegos judiciales y el reclamo pendiente por Adorni vuelven a poner en primer plano esa convivencia incómoda.
Según el relevamiento de Jorge Giacobbe realizado entre el 29 de mayo y el 3 de junio sobre 2500 casos, Bullrich registra una imagen positiva del 38,8%, una regular del 9,9% y una negativa del 49,5%. En la misma medición, Milei aparece con 34,2% de imagen positiva, 9,1% regular y 55% negativa.
Ese dato alimenta una lectura política dentro y fuera del oficialismo: Bullrich le habla a una porción de votantes que acompaña el rumbo económico del Gobierno, pero que puede tener reparos frente al estilo de conducción verticalista de Milei y a ciertas tensiones con las formas institucionales.
Tras la sesión, la jefa libertaria buscará reordenar el vínculo con los bloques aliados. En principio, tiene previsto reunirse con jefes dialoguistas para intentar recomponer el panorama parlamentario que quedó abierto luego de que la ley de propiedad privada fuera aplazada y de que los pliegos judiciales expusieran diferencias internas.
