En diálogo con MEDIOS RIOJA, Alexandra Lobos, referente del colectivo, denunció que el izamiento de la bandera de la diversidad en un espacio público desencadenó una serie de ataques y reivindicaciones de la dictadura. «Buscan instalar el miedo a salir a la calle», advirtió.
La reciente decisión institucional de izar la bandera LGTBIQ+ en un espacio público de la capital ha generado una fuerte polémica que, lejos de limitarse a una diferencia de opinión, ha derivado en una preocupante escalada de discursos de odio en las redes sociales y en la esfera pública.
Alexandra Lobos, referente del colectivo en la provincia, calificó la situación como «tremenda» y advirtió sobre la gravedad de las reacciones que incluyeron pedidos de quema de la enseña y reivindicaciones a la dictadura. Según Lobos, este clima de intolerancia no es espontáneo, sino que ha sido «fogoneado partidariamente».

El miedo como estrategia de control
Lobos hizo especial énfasis en la inseguridad que percibe la comunidad al intentar ocupar los espacios públicos. «Están tristemente queriendo volver a instalar el miedo a salir a la calle», afirmó la referente, señalando que la violencia habilitada desde el discurso público se traduce en una vulnerabilidad constante, incluso para realizar tareas cotidianas como ir a una farmacia o a un supermercado.
La referente fue tajante al señalar la responsabilidad del Estado: «Cuando el odio se habilita desde el Estado, el resto de la sociedad lo toma como propio y siente que puede ejercer violencia contra quienes piensan distinto». En este sentido, criticó la respuesta de las autoridades ante el conflicto, calificándola de «insuficiente» frente a la gravedad de los ataques.
Crítica a la «miseria humana» interna
Consultada sobre los polémicos posteos de Ángel Bustos, Lobos desestimó que la pertenencia a una comunidad garantice la ausencia de conductas discriminatorias. «El hecho de ser parte de un colectivo no te quita lo facho, lo violento, ni el odio a la propia comunidad», expresó. Analizó el accionar de figuras que, a pesar de pertenecer a minorías, adoptan posturas opresoras, señalando que es un fenómeno histórico de quienes, al alcanzar cierta visibilidad, deciden replicar el sistema de opresión que los afectó.
Resistencia sin violencia
A pesar de la angustia y el temor, el colectivo LGTBIQ+ ratificó su postura de no retroceder en la conquista de derechos. Lobos aclaró que el izamiento fue un gesto de inclusión institucional que buscaba, simplemente, visibilizar la igualdad de derechos que le corresponden a la comunidad como parte de la sociedad.
«No nos van a hacer arrepentir de existir ni de vivir», enfatizó Lobos, quien cerró con un llamado a la reflexión: «Como ciudadanos que pagamos impuestos, exigimos que el Estado de derecho garantice la seguridad y el resguardo de nuestras vidas. No vamos a contestar con más violencia, nos vamos a defender resistiendo».
