Lo dijo en MEDIOS RIOJA, Yoly Reinoso, hermana de Jésica, la joven asesinada por su ex pareja, denunció graves fallas en el sistema de protección. Aseguró que el agresor burlaba la tobillera electrónica y que las denuncias previas no fueron suficientes para evitar la tragedia.
La comunidad riojana se encuentra conmocionada tras el femicidio de Jesica, una joven madre que había denunciado reiteradamente a su ex pareja por violencia y amenazas de muerte. En un desgarrador testimonio, su hermana Yoly Reinoso apuntó directamente contra la falta de respuestas institucionales: «La justicia no actuó a tiempo. Se burlaba de la policía y se sacaba la tobillera cuando quería», sentenció.
Según relató la familia, el agresor utilizaba el régimen de visitas de sus hijos como una pantalla para continuar con el acoso. Jesica se había separado hacía dos años, pero vivía bajo una manipulación constante. «Él era un narcisista, la acosaba permanentemente. Todo está asentado en la comisaría y en la justicia», explicó Yoly sobre el historial de abusos que incluía violencia física y sexual.
La última señal de alerta ocurrió apenas días antes del crimen. El lunes anterior al hecho, la víctima se presentó en la fiscalía para ratificar las amenazas de muerte que pesaban sobre ella. Sin embargo, las medidas de restricción resultaron insuficientes. «La policía y la justicia sabían que esto tarde o temprano iba a pasar», lamentó su hermana.
Un detalle alarmante que surgió tras el hecho es el acceso que el femicida tenía a la vivienda de la víctima. Se supo que el hombre le había robado las llaves para hacer una copia ilegal. A pesar de que la policía estaba al tanto de esta situación, el agresor conservó el duplicado: «En la moto de él estaba la llave de la puerta de la casa de ella», confirmó Reinoso.
El episodio de violencia final ocurrió frente a los hijos de la pareja. Fue el hijo mayor quien, tras presenciar el ataque e intentar auxiliar a su madre, tuvo que dar aviso a los vecinos. «Los niños vieron todo, el más grande intentó salvar a su mamá pero no pudo hacer nada. Él fue quien avisó», relató con dolor la tía de los menores.
Jesica también se encontraba en medio de una disputa legal por la cuota alimentaria que nunca llegaba. A pesar de contar con asesoría legal, los tiempos judiciales volvieron a fallar. Su hermana recordó que el abogado le había prometido una resolución para febrero que jamás se concretó, dejando a la joven en una situación de mayor vulnerabilidad.
Tras el femicidio, el agresor cumplió con su amenaza de quitarse la vida, dejando a los niños sin su madre. Desde el entorno familiar aseguran que la prioridad ahora es el bienestar de los menores, quienes permanecen bajo el cuidado de la familia materna en el barrio Joyas del Velasco, mientras critican la ausencia histórica de la familia del atacante.
«Nadie la escuchó», concluyó Yoly, resumiendo el sentimiento de desprotección que rodea este caso que vuelve a poner bajo la lupa el funcionamiento de los botones antipánico y las tobilleras electrónicas en la provincia.
