En un nuevo intento por destrabar el conflicto bélico que ya cumple cuatro años, los representantes de Estados Unidos, Rusia y Ucrania finalizaron sus reuniones en Suiza. Pese a la falta de una firma definitiva, las partes destacaron el carácter profesional de los encuentros.
Tras intensas jornadas de debate en Ginebra, la cumbre tripartita cerró este miércoles sin la rúbrica de un documento de paz. Los principales obstáculos para el consenso siguen siendo la soberanía sobre la región del Donbass y el control operativo de la central nuclear de Zaporiyia. Estos puntos de fricción impidieron que las delegaciones llegaran a un punto de equilibrio que permitiera sellar el cese de hostilidades.
A pesar de la falta de resultados tangibles en los papeles, el tono de la negociación fue rescatado por algunos de los protagonistas. Desde los entornos de Donald Trump y Vladímir Putin calificaron la jornada como una charla «profesional» y remarcaron que el diálogo se mantuvo basado en los lineamientos previos de los acuerdos de Alaska. Esta postura sugiere que, aunque no hay firmas, el canal diplomático no se ha quebrado.
Por su parte, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski se mostró más cauto y enfático sobre la distancia que aún separa a las naciones en conflicto. Al finalizar las sesiones, el mandatario fue contundente al declarar ante la prensa que «las diferencias son profundas», dejando en claro que para Ucrania todavía no existen las garantías suficientes para avanzar hacia una resolución inmediata.
El escenario internacional queda ahora en una zona de incertidumbre entre la posibilidad de una paz justa o el estancamiento definitivo del conflicto. Por el momento, la comunidad global observa con atención los próximos pasos, mientras las delegaciones regresan a sus países con el compromiso de mantener el diálogo abierto pero sin fechas concretas para un nuevo encuentro.
