Más de 3.000 personas se agolparon bajo la lluvia en Moreno por apenas 60 vacantes en un frigorífico. La escena refleja el deterioro del empleo formal, el avance de la informalidad y el impacto concreto de la recesión en miles de familias argentinas.
La postal se repite con variaciones en distintos puntos del país, pero el mensaje es el mismo: largas filas, pocas vacantes y una presión creciente sobre el mercado laboral. Esta vez fue en Moreno, donde más de 3.000 personas se congregaron bajo la lluvia por apenas 60 puestos en el frigorífico Don Theo. La fila superó las 12 cuadras y expuso con crudeza un fenómeno que se viene profundizando desde la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada.
La fila interminable como síntoma
La convocatoria, difundida en redes sociales, buscaba cubrir puestos administrativos, operativos y comerciales con salarios que oscilaban entre $1.000.000 y $1.300.000 netos. Sin embargo, la magnitud de la respuesta desbordó cualquier previsión. Hubo postulantes que llegaron a las 2 de la madrugada para asegurarse un lugar en una fila que recién empezó a moverse cerca de las 11.
“Esto es para que vea Milei la cantidad de desocupados que hay y lo que está generando”, lanzó una mujer en diálogo con la prensa, en una frase que sintetizó el malestar social. Otro aspirante, con experiencia como carnicero, fue directo: “Está complicadísimo, hace seis meses no tengo trabajo”.
Desde la propia empresa admitieron el impacto de la escena. Carolina, encargada de marketing y esposa del dueño, reconoció que la situación la afectó: “Es tristísimo ver tanta gente. Me pone mal. La gente grande sale a buscar trabajo, no hay salida”, sostuvo en una entrevista reciente.
Lo ocurrido en Moreno no es un hecho aislado. En marzo, en Mar del Plata, más de 700 personas hicieron fila bajo la lluvia por 9 puestos en un emprendimiento de importación. Días después, en Posadas, otras cuatro cuadras de cola se formaron por 12 vacantes en un local gastronómico. En todos los casos, el denominador común fue la masividad y la precariedad de las oportunidades disponibles.
Caída del empleo formal y avance del “rebusque”
Detrás de estas escenas hay datos que empiezan a consolidar una tendencia. Según cifras oficiales de la Secretaría de Trabajo, el empleo registrado perdió más de 124.700 puestos en el último año. En paralelo, crecen las formas de trabajo independiente y no registrado.
Incluso los propios números que exhibe el Gobierno muestran fisuras. Si bien desde la Casa Rosada sostienen que se crearon 113 mil empleos, ese crecimiento se explica exclusivamente por el aumento del trabajo informal: 346 mil nuevos puestos no asalariados y 33 mil asalariados en negro. En contraposición, se destruyeron 266 mil empleos registrados y 33 mil estatales.
La calidad de esos nuevos trabajos también está en discusión. Casi el 80% de los no asalariados se concentra en tareas de baja calificación y remuneración, mientras que cerca del 70% percibe ingresos por debajo del millón de pesos.
El deterioro también alcanza a los salarios. Desde noviembre de 2023, los ingresos del sector público cayeron 18,3% en términos reales, mientras que en el sector privado la baja fue del 3,5%.

En este contexto, economistas advierten sobre una transformación del mercado laboral hacia esquemas más precarios. El crecimiento del monotributo —que sumó más de 137 mil personas en dos años— y el auge de trabajos temporales o vinculados a plataformas digitales configuran una economía más inestable, donde el empleo formal pierde terreno.
