La diputada nacional es cuestionada por organizar acciones militantes en plataformas digitales en lugar de centrarse en sus funciones legislativas dentro del Congreso.

En las últimas horas, creció la controversia en torno a la actividad de la diputada Lilia Lemoine, a quien se le atribuye la coordinación de desafíos de lucha con ciudadanos a través de sus redes sociales. Según se informó, estas acciones de militancia digital estarían ocupando el tiempo de la legisladora, desplazando las responsabilidades propias de su cargo en las instituciones democráticas.
La crítica central radica en que, como representante electa, su rol principal debería ser «legislar, controlar al Ejecutivo y representar los intereses de la ciudadanía en el Congreso». Sin embargo, el despliegue de estas dinámicas en la red parece alejarla de la labor parlamentaria para la cual fue votada por el electorado.
Diversos sectores señalan que estas prácticas representan una distracción de las tareas institucionales que le competen. Al respecto, se afirma que la diputada organiza estas acciones que «desvían el foco de las funciones institucionales», priorizando el activismo en plataformas digitales por encima del debate de leyes y la gestión pública.
El cumplimiento de las obligaciones legislativas se pone así en el centro del debate. El cuestionamiento apunta a que la función de un diputado debe centrarse en el trabajo dentro de las instituciones, advirtiendo que la coordinación de estos desafíos digitales ocurre «en lugar de cumplir con sus obligaciones legislativas tal cual es su rol».
