La brutalidad del caso de Agostina ha generado una profunda conmoción en la provincia. Ante la magnitud de los hechos, el reconocido médico forense y criminólogo cordobés, Mario Vignolo, dialogó con MEDIOS RIOJA, y analizó el perfil del detenido, Barrelier, y cuestionó duramente la cadena de responsabilidades judiciales que permitieron que un sujeto con antecedentes graves se encontrara en libertad.
Sobre la personalidad del agresor, el especialista destaca la peligrosidad de quienes ocultan una psicopatía bajo una fachada de normalidad. «La personalidad psicopática no es una enfermedad, es un trastorno de la personalidad. Son personas inimputables, con gran capacidad de seducción. Los más simpáticos en el trabajo, los más trabajadores. En el barrio, gente con capacidad de ayudar, y son lobos disfrazados de ovejas. Tienen gran capacidad de seducción, pero empatía cero: anestesia moral», sostiene Vignolo.
El criminólogo enfatiza que los antecedentes del detenido debieron ser una señal de alerta absoluta para el sistema judicial. «Esta persona tiene antecedentes graves. Estuvo detenido por maniatar a una persona, y retenerla contra su voluntad», señala, comparando la liberación del imputado con antecedentes nefastos de la justicia argentina: «El hecho del año pasado, es similar en este caso, al caso Micaela, donde un fiscal, en Entre Ríos, con todos los informes negativos para dar libertad condicional, le dio lo mismo, y terminó matando a Micaela. Esta persona no podía con ese hecho que cometió, estar en libertad».
En relación con el trabajo policial en los momentos iniciales de la desaparición de la joven, Vignolo es crítico al señalar que el tiempo perdido fue determinante: «Cuando aparece el remisero, no es un caso Loan, a quien nadie lo vio. Sino que una persona dijo que la llevó, que entró a la casa y no salió. Tenemos un punto de desaparición, donde es el primer lugar a investigar. Se perdieron horas precisas, que seguramente no iba a cambiar el destino final de Agostina, pero se hubiera descubierto antes que la mutilen».
Sobre la complejidad forense del crimen, el experto apunta a la inusual destreza técnica aplicada por el asesino al desmembrar el cuerpo: «Desmembrar un cuerpo: se amputan con sierra. Esto fue hecho a cuchillo, hace menos ruido, y bastante bien hecho. No es una cosa habitual. Cualquier animal que cocinamos, desarticularlo es difícil, pero esta es una persona, y lo hizo con bastante exactitud».
Finalmente, al reconstruir la mecánica del femicidio, Vignolo concluye que el agresor actuó bajo un esquema de manipulación y poder: «Hay un nexo de causalidad, donde paga el remis a la niña, la llevó a su casa… y él posiblemente la sedujo, creyendo que ese día la iba a terminar de seducir, y la niña no aceptó por eso termina matándola. Son personas que se empoderan, sentía atracción por esa niña. Debe ser una persona que inculcaba miedo, porque supuestamente la familia estaba en una habitación, y él se quedó encerrado, jugando a la play y que no lo molesten. Estas personas son seductoras con el entorno, y en sus casas, monstruos».
El informe técnico preliminar descarta, por el momento, la participación de terceros en el hecho, subrayando que la tragedia se consumó en un contexto de vulnerabilidad absoluta de la víctima frente a un agresor que, según expertos, debió haber estado bajo custodia del Estado.
