A 50 años del golpe militar, el Obispo de La Rioja encabezó el acto provincial en Chamical, donde reivindicó el compromiso social de los sacerdotes asesinados y llamó a construir una sociedad más justa y participativa.
En una jornada cargada de memoria y emoción, el obispo de La Rioja, Mons. Dante Braida, presidió esta mañana el acto central en Chamical al cumplirse el 50° aniversario del inicio de la última dictadura militar. Frente al templo donde vivieron los beatos mártires, el prelado recordó el dolor persistente de las familias de desaparecidos y destacó el legado de quienes dieron la vida por «procurar una sociedad más justa, fraterna e igualitaria».
Durante su alocución, Braida hizo especial énfasis en las figuras de fray Carlos de Dios Murias y el padre Gabriel Longueville. El obispo señaló que ambos llegaron a tierras riojanas impulsados por la renovación del Concilio Vaticano II y el liderazgo de monseñor Enrique Angelelli, buscando aplicar el Evangelio de forma concreta en el servicio a los más necesitados.
Respecto a la labor de los sacerdotes asesinados, el obispo destacó sus diferentes perfiles pastorales: «El P. Gabriel, como pastor de la Iglesia, vivió su misión en la cercanía con el pueblo y en su servicio constante (…). Fray Carlos lo hizo, de modo particular, poniendo valientes palabras para vencer el silencio y el miedo que cundía en la sociedad».
El mensaje también incluyó un reconocimiento a los laicos bautizados que, por su compromiso ciudadano, sufrieron persecución, cárcel y torturas durante los años de plomo. Para Braida, el sacrificio de estos testigos del Evangelio debe transformarse hoy en una responsabilidad cívica activa para fortalecer las instituciones y el desarrollo integral de todos los riojanos.
Hacia el cierre, el obispo realizó un fuerte llamado a la convivencia democrática, citando el reciente mensaje de la Conferencia Episcopal Argentina. «Nos unimos a este clamor: ‘Nunca más’ a la violencia de la dictadura y ‘siempre más’ a una democracia justa», enfatizó, instando a la comunidad a trabajar para que la felicidad del pueblo sea una realidad tangible y no una utopía.
Finalmente, Braida exhortó a la ciudadanía a expresarse con libertad y asumir con dedicación sus responsabilidades sociales. Aseguró que el mejor modo de honrar a las víctimas es el compromiso cotidiano con una sociedad donde todos puedan crecer dignamente, cerrando su discurso con un mensaje de confianza y esperanza para el futuro de la provincia.
