La Selección argentina venció 1-0 a Brasil en el Maracaná, con un gol de Ángel Di María, y levantó un título después de 28 años. En plena pandemia, con estadios vacíos, protocolos estrictos y un grupo que todavía buscaba consolidarse, el entrenador dio el primer gran paso de un ciclo que terminó convirtiéndose en el más exitoso de la historia.
El 10 de julio de 2021 no fue un día más. Fue un gran desahogo para el pueblo argentino después de 28 años negados de festejar títulos con la Selección argentina. La Albiceleste tuvo, a lo largo de los años, grandes equipos, pero ninguno pudo alcanzar la gloria, hasta que llegó Lionel Scaloni para renovar el equipo con convicción y trabajo.
La Copa América de 2021 fue distinta desde antes de comenzar. Originalmente debía disputarse en 2020, pero la pandemia de Covid-19 obligó a postergarla un año. La organización también cambió sobre la marcha: Colombia fue descartada por la situación social que atravesaba y Argentina perdió la organización pocos días antes del inicio debido al aumento de casos de coronavirus.
Finalmente, Brasil aceptó organizar el certamen con apenas dos semanas de anticipación y se delineó un torneo con un contexto inédito y poco común para lo que el mundo entero estaba viviendo: se dispuso un protocolo sanitario permanente, las delegaciones estaban en una burbuja de aislamiento estricto y los estadios estaban prácticamente vacíos. Se trató de una Copa América atravesada por las críticas debido a la situación sanitaria.
En ese escenario, la Selección empezó a construir algo mucho más grande que un campeonato, pese a que tenía críticas Scaloni ya que cuando comenzó el torneo continental, el oriundo de Pujato todavía cargaba con el cartel de entrenador “interino” que había asumido en 2018, tras quedar eliminados en octavos de final del Mundial de Rusia bajo la dirección de Jorge Sampaoli.
El Gringo tenía poca experiencia como entrenador porque había estado al frente de las selecciones formativas del Argentina junto a Pablo Aimar. Después, como parte de la delegación de Sampaoli, fue ayudante de campo y, sin embargo, con esa trayectoria en su historia fue duramente criticado por haber sido elegido como para agarrar una silla caliente como lo era el de la Albiceleste.
Scaloni hizo oídos sordos. Decidió aceptar la propuesta para ponerse en un lugar que para muchos entrenadores de experiencia no les fue fácil.
La Copa América 2021, el nacimiento de la era Scaloni
Cuando el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Claudio “Chiqui” Tapia anunció a Lionel Scaloni como entrenador interino de la Selección, la reacción fue mayoritariamente de incredulidad.
El nacido en Pujato, que apenas tenía 40 años, no contaba con experiencia al frente de un equipo profesional, solo traía consigo a cuestas la experiencia de integrar el cuerpo técnico de Jorge Sampaoli. Es por eso que las dudas llegaron desde el periodismo, exfutbolistas e incluso campeones del mundo.
La frase más recordada fue la de Diego Maradona, quien fue muy duro y si bien lo catalogó como “un gran muchacho”, le bajó el pulgar al asegurar que “no puede dirigir ni el tránsito”. “¿Cómo le vamos a dar la Selección a Scaloni? ¿Estamos todos locos? Con toda la gente que pasó, que le rompieron la dentadura y la cabeza, ¿vos pones a Scaloni? Con todo respeto. Como pibe, vamos a comer un asado. Pero director técnico y de la Selección, no”, lanzó criticas contra Chiqui Tapia. Hoy esa frase suele recordarse como uno de los juicios más equivocados sobre el ciclo.
Otros apoyaban la postura del Diez remarcando que era un “principiante” y de una apuesta demasiado riesgosa para la Selección. Scaloni nunca respondió directamente a las críticas, se aferró al proceso, el tiempo y prefirió dejar que hablaran los resultados.
La renovación de la Selección argentina
Cuando le ofrecieron el cargo, Lionel Scaloni no dudó y lo aceptó porque sabía que estaba preparado. Contra viento y marea, el tiempo le terminando dando la razón.
Había apostado por una renovación profunda. En lo que fue la Copa América del 2021 ya no estaban históricos como Gonzalo Higuaín, Javier Mascherano, Lucas Biglia o Ever Banega, protagonistas centrales del ciclo anterior.
En el cambio aparecía una nueva columna vertebral: Emiliano Martínez, Cristian Romero, Rodrigo De Paul, Leandro Paredes, Nicolás Otamendi como líder defensivo, Lautaro Martínez y por supuesto, Lionel Messi como capitán. Muchos de ellos disputarían su primer gran torneo juntos. Pero había algo que los diferenciaba del resto: un equipo lejos de las individualidades y formar un grupo que estaba con hambre de gloria.
