En un encendido discurso ante la Cámara de Diputados, el gobernador Ricardo Quintela denunció el abandono del poder central, defendió el rol del Estado provincial y aseguró que la deuda de Nación con los riojanos supera los mil millones de dólares.
El gobernador Ricardo Quintela encabezó este lunes la apertura de las sesiones ordinarias en la Legislatura provincial. Durante su alocución, trazó un diagnóstico severo sobre la actualidad, afirmando que la provincia atraviesa el momento más complejo de su historia reciente debido a las políticas implementadas por el Gobierno Nacional.
«Gobernar es decidir, y nosotros hemos decidido cuidar y sostener el salario de los trabajadores, proteger la producción local y garantizar derechos», sostuvo el mandatario. En contraposición, señaló que el poder central decidió «abandonar a las provincias» y desfinanciar áreas clave como la educación, la ciencia y la producción.
Quintela planteó tres interrogantes centrales ante el cuerpo legislativo sobre cómo gestionar una provincia cuando es «castigada» desde Nación y qué medidas tomar para defender el federalismo. «¿Qué debe hacer un gobierno cuando le piden que ajuste salarios, educación, salud y viviendas?», interpeló.
El titular del Ejecutivo local describió un escenario económico crítico, comparando la caída de la construcción con los niveles registrados durante la pandemia. Según sus palabras, esta situación ha dejado a numerosas familias riojanas en una incertidumbre extrema, «prácticamente de calle».
Uno de los puntos más fuertes del discurso fue el reclamo financiero. El gobernador denunció que la provincia fue «claramente perjudicada» y precisó que los recursos retenidos representan una deuda acumulada de más de 1.000 millones de dólares.
«Milei gobierna para una economía financiera que deja de lado a la mayoría absoluta», sentenció Quintela. Asimismo, marcó una diferencia ética en su gestión al afirmar: «Nosotros sí sabemos para quiénes gobernamos: para quienes necesitan un Estado presente, que no los abandone».
Respecto a la relación con la administración central, el mandatario fue tajante al rechazar cualquier tipo de subordinación. «La Rioja no pide limosnas, exige lo que le pertenece por derecho propio. No nos arrastraremos ni seremos sumisos ante el poder central», enfatizó.
Sobre las acusaciones y críticas externas, el gobernador se mostró firme ante las versiones que circulan sobre su gestión. «Quédense tranquilos ante aquellos que hablan; que hagan las denuncias correspondientes», desafió durante su intervención.
Finalmente, destacó que, pese al contexto nacional, la gestión provincial no se ha detenido. Aseguró que se profundizó el trabajo para mantener en marcha una administración «diferente» que responda a las necesidades locales frente a la crisis profunda que vive el país.
