La posibilidad de que la inteligencia artificial llegue a representar una amenaza para la humanidad dejó de ser solamente un argumento de ciencia ficción. En diálogo con Medios Rioja para, la especialista, conferencista y divulgadora de inteligencia artificial y transformación digital en Latinoamérica, Belén Ortega, explicó cuáles son los riesgos que plantea el desarrollo acelerado de esta tecnología y advirtió sobre la necesidad de establecer una regulación a nivel mundial.
Ortega sostuvo que «actualmente atravesamos una etapa de expansión de la inteligencia artificial generativa, como la que utilizan herramientas como ChatGPT, pero el desarrollo tecnológico avanza hacia sistemas cada vez más autónomos y capaces de interactuar con otros dispositivos y con el entorno cotidiano».
En ese sentido, explicó que uno de los escenarios que genera preocupación es el eventual desarrollo de una “suprainteligencia artificial”, es decir, una inteligencia que pueda superar ampliamente las capacidades humanas y que tenga la posibilidad de mejorar sus propias capacidades.
“Yo voy a crear un agente de inteligencia artificial para una tarea y le puedo decir que cree otras inteligencias artificiales más inteligentes que el que la creó”, explicó. Según la especialista, en un escenario de este tipo, el ser humano podría comenzar a perder el dominio y el control sobre los sistemas que desarrolló.
El riesgo de una inteligencia artificial autónoma
Ortega planteó que el problema no está solamente en la existencia de la inteligencia artificial, sino en hasta dónde se permite que avance su autonomía sin mecanismos de control.
Como ejemplo, mencionó la posibilidad de que una IA pueda desarrollar otras inteligencias artificiales, generando una especie de efecto en cadena: “Creando tres, se va a formar una red en donde en algún momento va a haber una inteligencia artificial superior al resto de las IA, superior al ser humano”.
La especialista aclaró que se trata de un escenario de riesgo y no de una predicción de que necesariamente vaya a ocurrir. Sin embargo, consideró que la posibilidad merece ser discutida antes de que la tecnología alcance niveles de autonomía difíciles de controlar.
También advirtió sobre el uso de inteligencia artificial en ámbitos especialmente sensibles, como la biología y la armamentística, donde un desarrollo sin controles podría generar consecuencias de gran magnitud.
“La inteligencia artificial existe desde 1950”
Frente al temor que genera la aparición de herramientas como ChatGPT, Ortega remarcó que la inteligencia artificial no es un fenómeno reciente. “La inteligencia artificial existe desde 1950, no es algo de ahora”, señaló. Lo novedoso, según explicó, es el nivel de desarrollo alcanzado y la velocidad con la que estas tecnologías están llegando a la vida cotidiana.
En ese contexto, consideró que una de las principales dificultades actuales es la falta de educación y comprensión sobre el funcionamiento y el impacto de la inteligencia artificial. “Falta tanta educación en inteligencia artificial”, sostuvo, y agregó que hablar de herramientas como ChatGPT implica también discutir cuestiones vinculadas con el desarrollo cognitivo, el trabajo, la educación y el futuro de la sociedad.
Una carrera tecnológica entre Estados Unidos y China
Otro de los puntos señalados por Ortega fue la competencia tecnológica entre Estados Unidos y China, que consideró uno de los factores que pueden acelerar el desarrollo de sistemas cada vez más avanzados. Según explicó, la carrera por alcanzar mayores capacidades de inteligencia artificial puede generar incentivos para avanzar rápidamente, incluso antes de que exista un consenso suficiente sobre sus posibles consecuencias. Por eso, planteó la necesidad de alcanzar un consenso internacional que establezca límites y criterios comunes para el desarrollo de estas tecnologías.
“La IA no contempla países. La IA es general”, afirmó, al advertir que una decisión adoptada por un Estado o una empresa puede tener consecuencias que excedan ampliamente sus propias fronteras.
¿Puede la IA realmente extinguir a la humanidad?
Ante la pregunta sobre si el riesgo de que una inteligencia artificial termine atacando o superando a la humanidad es real o simplemente una teoría catastrófica, Ortega respondió que existe un riesgo que, aunque pueda parecer lejano, debe ser contemplado.
La especialista hizo referencia a advertencias realizadas por referentes de la industria tecnológica y explicó que el principal desafío será evitar que sistemas cada vez más autónomos puedan actuar sin una supervisión humana efectiva. Por eso, insistió en que la discusión no debería centrarse únicamente en frenar la inteligencia artificial, sino en establecer reglas que permitan aprovechar sus beneficios sin perder el control sobre su desarrollo.
“La inteligencia artificial tiene muchísimos beneficios, nos puede ayudar muchísimo en esta nueva era”, sostuvo Ortega, aunque remarcó que es necesario evitar una carrera tecnológica basada exclusivamente en quién consigue llegar más rápido a una inteligencia artificial cada vez más poderosa.
El debate, entonces, no parece ser solamente si debemos tener miedo de la inteligencia artificial, sino quién establece los límites, quién controla su desarrollo y qué decisiones estamos dispuestos a delegar en sistemas que cada vez tienen mayores capacidades.
